4 de diciembre de 2015

Incontinencia fecal y envejecimiento

La continencia, nuestro control de cuando y en donde evacuar, es un proceso que la mayoría de nosotros aprendemos desde niños. Normalmente lo damos por hecho hasta que sucede algo inesperado: la Incontinencia.

La incontinencia fecal ocurre cuando se produce la pérdida en el control del gas o de las deposiciones líquidas o sólidas. La incontinencia urinaria por su parte, es la pérdida del control de la orina de la vejiga.




La incontinencia fecal, de la cual voy hablar en esta entrada, tiene múltiples causas. No es una etapa normal del envejecimiento, pero conforme avanza la edad, existe mayor riesgo de presentarlaPara mantener el control de la continencia, los nervios y músculos de la región pélvica tienen que funcionar adecuadamente. Si esto no sucede, puede presentarse la incontinencia.  Existen varias lesiones o enfermedades que pueden causarla. Las limitaciones o incapacidades físicas y un mal estado de salud en general, son factores que pueden jugar un papel clave. Los nervios deben funcionar correctamente para percibir la urgencia, el deseo para evacuar o la presencia de gas en el recto. Los músculos deben trabajar adecuadamente para mantener ese contenido dentro del mismo. Las lesiones de los nervios que ocurre en enfermedades tales como esclerosis múltiple, diabetes o accidentes cerebrovasculares, pueden ser la causa de incontinencia. Las lesiones sufridas durante accidentes, el embarazo u otros traumatismos, también pueden dañar los nervios y los músculos pélvicos

En algunas ocasiones la diarrea y/o el estreñimiento hacen más difícil el funcionamiento normal y también pueden causar incontinencia fecal. Pero estos son solo algunos ejemplos. Es claro que son múltiples condiciones que afectan tanto al hombre como a la mujer.

Las enfermedades y las lesiones traumáticas no son los únicos factores de riesgo para la 
incontinencia. Con el paso de los años, ocurren múltiples cambios en el organismo de manera natural. Estos cambios tienen un efecto en todo el cuerpo incluyendo los órganos, nervios y músculos que controlan la continencia. Los músculos pierden la fuerza, algunos nervios disminuyen su función y los tejidos y órganos pierden su capacidad de funcionar bajo esfuerzo.

En el cuerpo deben ocurrir varios mecanismos para saber cuando se tiene la necesidad de defecar (o pasar gas) y para tener la capacidad de aguantar hasta decidir cual es el momento y lugar para realizar las deposiones. El recto es un órgano en forma de tubo que se encuentra al final del colon y se encarga de almacenar las heces. Conforme se llena el recto, se distiende para tener espacio suficiente para retener la materia fecal que viene del colon. Normalmente se debe sentir cuando la materia fecal llena el recto; se tendrá la sensación de urgencia o el deseo de evacuar. En ese momento, los músculos que rodean al recto aumentarán su tono para contener las heces. 

Si los músculos que rodean al recto están debilitados, se puede sentir una necesidad súbita y urgente de defecar y las heces pueden salirse involuntariamente. Si los nervios están dañados, puede que no se sienta la presencia de la materia fecal en el recto. La sensación normal de urgencia o el deseo natural para evacuar, puede pasar desapercibido y puede producirse salida de materia fecal, incluso sin percibirla. Por otra parte, si el recto no se distiende adecuadamente, no puede retener la cantidad de materia fecal que requiere y puede haber también incontinencia.

Si se presenta la incontinencia fecal, lo primero que  se debe hacer es consultar a su médico coloproctólogo experto en suelo pélvico, el cual después de un riguroso examen, emitirá un diagnóstico y  le propondrá el mejor tratamiento. 




En la mayoría de las ocasiones será necesario realizar varias pruebas diagnósticas para valorar la función de los órganos, músculos y nervios que intervienen en la continencia. Entre ellas destacan:

  • La ecografía endorrectal
  • La manometría anorrectal

El objetivo del tratamiento es mejorar la continencia. Para lograrlo o reducir los síntomas, puede ser necesario realizar cambios en la dieta, un re-entrenamiento, terapias para mejorar la respuesta de los nervios y músculos involucrados, cirugía u otros tratamientos. En todos los casos su coloproctólogo buscará la causa subyacente y los factores que desencadenan los episodios de incontinencia o que pueden empeorarla, tales como el estreñimiento o la diarrea.

Con cambios en la dieta puedes producir que las evacuaciones sean más duras o más sueltas y evitar algunos alimentos que producen gas regularmente. El re-entrenamiento para mejorar la continencia, consiste en enseñarle estrategias para desarrollar un horario de evacuaciones que sea regular y predecible y en ocasiones se pueden recetar medicamentos para normalizar la consistencia de las heces.

Es probable que se requieran también tratamientos adicionales si los nervios o músculos del suelo pélvico no funcionan adecuadamente. El Biofeedback anorrectal es una terapia no dolorosa que utiliza sensores especiales y un monitor de video para ayudar a mejorar la sensibilidad de los nervios y el control muscular, necesarios para controlar las deposiciones. El trabajo con un médico experimentado en el uso del Biofeedback para los trastornos del suelo pélvico y del recto, pueden ayudar a mejorar la habilidad para percibir el contenido rectal y poder mantener la continencia.

Actualmente se están desarrollando nuevos métodos para manejar la incontinencia. Estos van desde estimulación eléctrica hasta implantes o inyecciones. Si los músculos están lesionados pero los nervios están funcionando adecuadamente, la cirugía puede ser una alternativa. Otra opción que algunas personas prefieren cuando fallan los demás tratamientos, es la colostomía, que es un procedimiento quirúrgico para desviar la materia fecal a una bolsa en el exterior del cuerpo.



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